El artista como Crítico


Si hace dos meses hubiese tenido que recomendar un libro, hubiera sido El crítico como artista de Oscar Wilde. Normalmente uno recomienda en base a sus últimas lecturas, pero aun habiendo leído -y habiendo querido dejar de leer- muchas cosas desde aquel momento, siempre creeré que éste es uno de los ensayos más importantes, en cuanto a calidad profesional y periodística (dependiendo de cómo se entienda esta última), que he tenido en mis manos. No obstante, para lo que quiero contar en este post tendría que modificar el título de la obra y algunos de sus conceptos, pues mi intención es explorar, de una manera específica, el papel del artista como crítico de nuestra sociedad.

Vemos que en España está a la orden del día el rechazo de los premios culturales por parte de sus ganadores. Las últimas ediciones del Premio Nacional de Fotografía, y del Premio Nacional de Música han quedado huérfanas de galardón, y el Ministerio de Cultura (que también es de Educación) demuestra que estos temas son solo una cartera, un compendio de desafortunadas decisiones. Decisiones que muy rara vez afectan a la armonía de un país que prorroga su pelea contra la incultura y la mala educación; pero que ahora mismo se encuentra preocupado por la situación nacionalista en Cataluña.

Crítico y artista han postulado sobre el tema. Por un lado, el famoso Harold Bloom (profesor y teórico literario) manifiesta lo siguiente: “Si fuera catalán, me gustaría que mi país se independizara de España”, aunque es consciente de su inviabilidad. Por otro, Mario Vargas Llosa, al que no le hace falta presentación alguna, siempre se ha mostrado contrario a los movimientos secesionistas modernos, y ha declarado que la consulta ciudadana (a todas luces ilegal) prevista para el 9 de Noviembre es “una amenaza para la democracia” y para España.

Harold Bloom es el paradigma cuasiperfecto de Cataluña, Vargas Llosa lo es del Estado Español. Cada cual podrá ver en ellos un prototipo heroico o antiheroico, pero es su relación de dependencia literaria la que nos hace dudar acerca de quién puede o no puede tener razón.

Desde una postura diacrónica es posible que el carácter crítico nazca en el hombre antes que la capacidad artística, puede que sea una condición natural e indispensable para el proceso creativo; pero no cabe duda de que la crítica es necesariamente posterior al artista, y que esta depende inequívocamente de él. Si Vargas Llosa, por ejemplo, nunca hubiera escrito La guerra del fin del mundo, Bloom nunca la hubiese podido incluir como una de las obras esenciales de nuestro tiempo en su Canon Occidental.

De esto deriva una idea clara, y es que la crítica catapulta al escritor; tal vez en una sociedad menos plural habría que tener en cuenta el grado positivo o negativo de dichos juicios, pero partiendo de nuestra realidad cualquiera puede ser bueno o malo. De este modo, el crítico supone un concepto opositor perfecto, pues su función servirá para corregir los defectos y promocionar las virtudes del autor, sin llegar a tener nunca la capacidad de sustituirlo. Gracias a esa simbiosis, Mario Vargas Llosa ha logrado en dos ocasiones el Premio de la Crítica de narrativa castellana (1964 y 1967), y Harold Bloom el Premio Internacional Alfonso Reyes (2003), por sus aportaciones dentro de la investigación literaria.

Ese beneficio mutuo es el que catalanes y españoles deben tener presente, una historia común y una cultura consonante; un sentimiento que en vez de dividirnos, debería permitirnos avanzar hacia una realidad mejor, más transparente, más igualitaria y más justa.

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4 comentarios en “El artista como Crítico

  1. Hola Alfonso, otra vez. Creo que la combinación que pueda surgir de un periodista escritor es perfecta, al menos yo lo he visto así, leyendo a alguien que admiro mucho, como es Arturo Pérez-Reverte, donde la literatura y el sarcasmo de su ímpetu, fortalece aquello que quiere decir, porque lo hace vivo, lo sientes y casi lo padeces, lo cual es significativo en la comunicación con el lector, donde el mensaje llega, como enardecido, con la intención de despertar el sosiego placebo que da la lectura, desde un sillón, o terraza, en un momento de relax. Despierta pasión y entrega, ganas de lucha y fuerza para buscar y encontrar en nosotros mismos la llama que en ocasiones nos quema por dentro, y somos ajenos a su propio resquemor.
    De ahí que te anime a que no decaigas en tu intento, lo haces muy bien, con una claridad que evidencia un interés por lo que dices, el cómo lo dices y su por qué. Tal vez con el tiempo aparezca el tesón y la pasión que implica aquello que decimos, donde las palabras prenden el furor necesario para vaciar el alma que nos alborota las ideas, los pensamientos y los fines en nuestra particular conquista.
    Enhorabuena. Un abrazo. Ángel.

  2. La crítica es fundamental, siempre y cuando sea enriquecedora. Hay críticos para el arte y hay artistas críticos con la vida. Me has dejado pensando por qué por ejemplo un crítico literario no destaca por una obra propia… y sin embargo cuanta importancia se da a su opinión sobre la obra de otro.
    Un artista es un cúmulo de vivencias, de mentes abiertas, de experiencias… fundamentales para su obra. Por eso su crítica siempre será enriquecedora y habrá que tenerla en cuenta.
    Es verdad que la actitud ante los reconocimientos hechos últimamente y no aceptados puede ser de poco apoyo a la cultura, pero es una de las armas que tienen los que están sufriendo una escasa atención a su gremio. Debe respetarse.

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