Autoentrevista


Contaba Dolly Onetti que su marido, el escritor Juan Carlos Onetti, evadía las entrevistas todo lo que podía, pero que si se entusiasmaba podía llegar a ponerse muy personal en ellas. Había veces -decía- que no sabía quién entrevistaba a quién, pues cuando en medio de un encuentro ella volvía de la cocina con un café o un vaso de vino, a veces se encontraba al periodista mostrándole a su marido las fotos de sus hijos y contándole su propia historia. Es lo que hace la confianza. Sin embargo, las entrevistas no son todas iguales y hay ocasiones en las que entrevistador y entrevistado se conocen de antemano. Hay un libro titulado Autoentrevistas de escritores mexicanos que explora las posibilidades de este género llevadas al límite, en el que «desde la intimidad de quien habla consigo mismo» se persigue la verdad de sus autores. Pues, «¿puede un personaje jugar consigo mismo, mentirse, decirse cosas contradictorias?» Solo hay una manera de averiguarlo:

PREGUNTA. Vamos a empezar con algo fácil, ¿en qué cree? ¿En qué no cree?

RESPUESTA. Como sé que no esperáis una respuesta sobre mis convicciones morales o religiosas, diré que creo en la Palabra como Gabriel Celaya creía en la Poesía. Es decir, creo en la palabra correcta y en el momento correcto. Por otro lado, no creo en la amistad, pero este es un agnosticismo que debe matizarse: Francis Scott Fitzgerald [por ejemplo] decía que él no creía en la felicidad, pese a tratarse de una evidencia más que clara en los mejores momentos de su vida. Yo descreo bajo esos mismos términos: la amistad me golpea en la cara de una manera innegable, pero aún así no acabo de confiar en ella. En mis amigos es en quien confío. Además, me parece una palabra abominable.

P. A propósito de esto Nicanor Parra decía: «Dime cuáles son para ti las diez palabras más bellas de la lengua castellana y te diré quién eres». ¿Cuáles diría que son las suyas?

R. Me gusta mucho la palabra revolución, la r como fonema inicial es muy fuerte y elegante, pero representa una idea que puede descontextualizarse fácilmente. También me gusta la expresión «merecer la pena», aunque no creo que con esto podáis decirme quién soy.

P. Ahora piense en tres personas [no hace falta que diga en quién] y dígame qué le escribiría a cada una de ellas.

R. Pienso en aquellos individuos que suelen rondar por mi cabeza. Me cuesta mucho hablar o escribir sobre sentimientos, así que las posibilidades se ven reducidas a aquellas personas por las que no siento nada o a aquellas otras por las que merece la pena superar los miedos. A estas últimas les escribiría dos dedicatorias y una mala crítica literaria. Las tres son mujeres.

P. Supongo que las dedicatorias las haría en los libros de sus autores favoritos, ¿qué escritor le ha inspirado más hasta el momento?

R. Podríamos decir que Carlos Argentino Daneri [el personaje de Borges] fue mi primer héroe literario. Cuando lo conocí, inmediatamente me sentí en comunión con su proyecto. Tratar de representar el mundo en un poema es una empresa complicada, y más aún si no se tiene talento. Yo también tengo escrito algún poema que aspira a ser eterno…

P. Hablando de Borges: él decía que siempre estuvo obsesionado con los espejos, las espadas, los laberintos, ¿cuáles son sus obsesiones?

R. (Ríe) Qué pregunta… pues si nos ponemos borgianos diré que son las experiencias cíclicas, el eterno retorno. Grandes círculos que lo abarcan todo y logran relacionar las partículas más desiguales del universo entre sí.

P. Y aparte de sus artículos, en los que relaciona a Murakami con las agujetas o al secesionismo catalán con la crítica literaria, ¿podría darme otro ejemplo?

R. Son cosas que ocurren en el día a día, en la cotidianidad de cada uno. ¿Un ejemplo? Las camas y los celos, que aunque suene a fábula de Esopo son dos elementos relacionales. El camino a recorrer para juntarlos es lo bonito del proceso.

P. Por cierto, la comparación de Murakami a la que antes nos referíamos es potencialmente crítica, ¿qué le ocurre con este escritor?

R. Simplemente aún no he podido con él. Borges siempre aconsejó a sus estudiantes que si un libro les aburría lo dejaran; que no lo leyeran solo porque fuese famoso, moderno o antiguo. Si un libro les resultaba engorroso es que no había sido escrito para ellos. Por ejemplo, decía: «Si Shakespeare les resulta tedioso, déjenlo. Shakespeare no ha escrito aún para ustedes, pero algún día Shakespeare será digno de ustedes y ustedes serán dignos de Shakespeare. Pero mientras tanto, no hay que apresurar las cosas». Ya llegará mi turno con Murakami, supongo. Pero por ahora prefiero El Tatuador de Junichiro Tanizaki que 1Q84.

P. ¿Tiene algún tatuaje?

R. No.

P. Y si pudiera tatuarse un sentimiento, ¿cuál sería y cuál no?

R. Podría llegar a tatuarme dolor, un dolor punzante muy determinado; pero no sería capaz de tatuarme nunca un desengaño. De todos modos, no hay que confundir las cosas visibles de las invisibles. Un sentimiento puede ser algo muy personal o algo muy compartido. Si el dolor en el que pienso [por ejemplo] llegara a exteriorizarse lo suficiente, no me importaría tener un tatuaje que me lo recordara. Un desengaño, sin embargo, preferiría tenerlo lo más alejado posible.

P. A su juicio, la Literatura no podría existir sin…

R. Estrellas. No puedo imaginarme a Pedro Páramo bajo un cielo desierto, como tampoco puedo imaginarme las noches shakesperianas sin fantasmas. Citando un fragmento de Julio César, tal vez «la culpa, querido Bruto, no es de nuestras estrellas, sino de nosotros mismos». La culpa de la literatura, claro. Pero tal vez las estrellas tengan algo que ver. En Peter Pan, J. M. Barrie escribía que «las estrellas son hermosas, no toman partido por nada, (y) se limitan a mirar eternamente» por culpa de un castigo que les cayó hace ya mucho tiempo. Aun así, ya sea como constantes espectadoras de nuestro destino o como responsables inconfesas de un crimen, es innegable la importancia que cobran durante la noche de nuestras vidas, durante el proceso literario y su resultado.

P. Sus referencias son curiosas, hace alusión a libros muy diferentes. ¿Cuál le recomendaría al lector?

R. Muchos, pero voy a decir 2666 precisamente porque todavía no he hecho alusión alguna a Roberto Bolaño.

P. A propósito, ¿le dedica esta autoentrevista a alguien?

R. A dos de las tres mujeres sobre las que me preguntaba antes.

Alfonso Mareschal

Alfonso Mareschal

Anuncios

Un comentario en “Autoentrevista

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s