Alexiévich, Holan y el silencio


En 1948, cuando el Partido Comunista alcanzó el poder en Checoslovaquia, el poeta Vladimír Holan decidió emprender su viaje hacia el exilio. Ningún otro destino era posible; al fin y al cabo, cuando prohíben tu obra y te condenan al olvido en tu propio país, la única opción es huir de los demás o hacerlo de ti mismo. Ante este dilema, el artista es el único que puede encontrar una solución prudente y, como tal, Holan prefirió encerrarse en su casa durante quince años a abandonar su patria para siempre. Desde allí se enfrentó al muro de la censura y escribió un total de cinco novelas -que acabaría destruyendo- y diez libros de poemas. Gracias a ellos, se convertiría en “el más importante de los poetas checos” y demostraría que «Todo, hasta el mismo silencio tiene algo que callar», como rezaba uno de sus versos.

La verdad es que hay pocas voces mejores que el silencio. Su musiquilla engancha, se queda detrás de la oreja y reaparece en los momentos más importantes, como cuando estás solo o te gustaría estarlo. Es un eco del pasado, que nos recuerda que en algún momento la vida hará mutis y no podremos evitarlo. La gente está acostumbrada a enmudecer frente al ruido, que no es sino un grito desesperado por la calma; pero ante el silencio no se suele reaccionar, aun escondiendo los secretos que esconde. Sin duda, hay que ser valiente para romperlo.

En su obra Voces de Chernóbil, Svetlana Alexiévich (que nació en Bielorrusia el mismo año en el que Vladimir Holan se atrincheraba en Praga) plasma el silencio como la gran acotación de nuestro tiempo. En los cuarenta monólogos publicados sobre la primera tragedia nuclear de la historia, con el permiso de la hecatombe militar de Hiroshima y Nagasaki, sus fuentes recuerdan la experiencia entre largos suspiros e inacabados tiempos muertos. La tranquilidad que hubo después del accidente, el mutismo con el que actuaron los dirigentes políticos… Todo fue un gran fundido en negro.

Sin duda alguna, el peor de los silencios es el que se impone. Para Alexiévich, que es periodista, debe suponer un atentado contra la libertad y el buen hacer de la profesión, pero desde luego no es el único. En uno de los testimonios recogidos en su dilatada crónica sobre Chernóbil, una habitante de un pueblo contaminado pone de manifiesto que la falta de humanidad de algunos periodistas es la causa de que no sea sincera con ellos. «Una vez vino a verme un corresponsal», cuenta. «Veo que tiene ganas de beber. Le traigo una taza con agua, y él, en cambio, se saca su agua del bolso. Agua mineral. Le da vergüenza. Se justifica. La conversación, claro, fue un fracaso, yo no pude ser sincera con aquel hombre. Porque yo no soy un robot, una computadora. ¡No soy un pedazo de hierro! Él allí tomándose su agua mineral, temiendo tocar mi taza y yo, en cambio, le tengo que abrir de par en par mi alma… entregarle mi alma».

Hasta las buenas respuestas, como vemos, tienen un precio. El periodista -como cualquier otro interlocutor- ha de merecer siempre la confianza del entrevistado, porque si no se ganará su silencio. Un silencio autoimpuesto, como el de Vladimír Holan; o el silencio del público, como le ocurre a Svetlana Alexiévich en su país, donde también han prohibido sus libros. Sea como fuere, hasta el silencio tiene algo que callar y es nuestro deber averiguarlo. Hay que ser lo suficientemente atrevidos como para romperlo.

vholan

Vladimír Holan

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3 comentarios en “Alexiévich, Holan y el silencio

    • Afortunadamente, las fronteras también se traspasan. Holan no fue profeta de su propia tierra hasta que sus obras volvieron a circular, pero el tiempo le ha colocado en el lugar que le corresponde. Alexievich ya ha triunfado, pero continúa en conflicto con el poder. Donde no hay duda es que la verdad siempre sale a flote. Un saludo, ¡vuelva cuando quiera!

  1. Silencio…aislamiento: el silencio, el aislamiento…dos palabras y ambas con contenido: el silencio puede estar lleno de contenidos sin compartir, en el universo interior de cada persona…el aislamiento es una comunicación truncada -son los otros los que hacen que tu voz no se escuche-.
    Me ha gustado la exposición de dos vivencias que me han hecho reflexionar sobre el silencio, la soledad, el aislamiento, el egoísmo del mundo frente a la realidad de un ser humano. ¡Muy bueno!

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