El debate a cuatro y el pabellón de afásicos de Oliver Sacks


En la década de los ochenta, el neurólogo y escritor Oliver Sacks describió la reacción de un grupo de afásicos que veía por la televisión un discurso de Ronald Reagan. Los sujetos, que debido a su trastorno no eran capaces de entender las palabras del presidente, no pararon de reír durante toda la retransmisión; pues, a pesar del déficit que sufrían, eran especialmente sensibles a los gestos y a la expresión corporal del político. Ya lo afirmaba Nietzsche: «Se puede mentir con la boca, pero la expresión que acompaña a las palabras dice la verdad». Y ni las muecas ni los tonos falsos son capaces de esconderla.

Después del debate electoral de anoche, cargado de elementos visuales tan acusadores como las cartulinas de Albert Rivera, no puedo evitar preguntarme cómo hubiesen reaccionado los mismos pacientes del pabellón de afasia de Sacks; partiendo de que a ellos es imposible convencerlos o engañarlos mediante argumentos. ¿Hubiesen estallado en carcajadas con alguno de los candidatos o hubieran acabado desconcertados?

Si a una persona con afasia le hablas con naturalidad (y gestualidad) -explica Sacks-, esta puede llegar a entender la mayor parte del mensaje y de su significado. El problema aparece cuando la comunicación no es natural, sino que se ve forzada por circunstancias ajenas, como pueden ser los nervios o la intención de agradar al electorado. Cuando esto ocurre, las intervenciones de los participantes suelen adoptar una rigidez y una falsedad contraproducentes; y mientras los interlocutores se esfuerzan en aparentar confianza, los espectadores parece que asistan a un patio de colegio.

El de ayer, sin embargo, fue un debate tranquilo, con pocas subidas de tono. Las que hubieron, además, derivaron en su mayoría de los comentarios de Albert Rivera, que no dudó en criticar la corrupción del PP y las vinculaciones de Podemos con Venezuela, poniendo nervioso a Mariano Rajoy y frunciéndole el ceño a Pablo Iglesias. El momento más infantil, no obstante, lo protagonizó el líder de Ciudadanos con sus carteles; y el más artificial, Pedro Sánchez con su sonrisa ensayada y su entonación de cuentacuentos. Otros gestos destacados fueron los ojos como platos de Rajoy y las manos a la cabeza de Iglesias, que suscitaron tantas dudas como bromas en internet.

Hoy por hoy, el pabellón de afásicos está en Twitter. El límite de caracteres convierte a la red social en el lugar perfecto para explotar los detalles, reduciendo el mensaje político a simples anécodtas y generando conclusiones a partir de las muecas y expresiones de algunos candidatos; que como punto de partida no están mal, pero son insuficientes para tomar cualquier decisión. Es necesario, por tanto, darle importancia a las palabras y hacer el esfuerzo de comprenderlas. Si no, seremos los habitantes de un país malentendido y serán los demás quienes se rían de nosotros.

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Debate a cuatro en la campaña electoral del 26J. Mariano Rajoy (PP) Pedro Sanchez (PSOE) Pablo Iglesias (Podemos) y Albert Rivera (Ciudadanos). Foto de: JOSÉ LUIS ROCA

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Un comentario en “El debate a cuatro y el pabellón de afásicos de Oliver Sacks

  1. En España estamos todos afásicos globales: los políticos y los electores. Cada uno va por su lado, no hay entendimiento; ni siquiera se entienden a la hora de valorar los resultados electorales y hacer un plan de gobierno para dar una respuesta de esperanza, progreso y servicio destinada a la vida diaria de cada una de las personas que vivimos en este “Estado social y democrático de Derecho que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político”. ¿Llevará esta afasia de políticos y electores a la desaparición de la Nación española? ¿Cómo afectará el cambio de rumbo en la vida personal de cada elector, de cada elegido? ¿Serán los políticos capaces de dar felicidad a sus electores prometiendo coches, casas, sueldos para todos sólo con las promesas electorales y sin necesidad de un esfuerzo personal de todas y cada una de las personas que viven aquí y con la ausencia de la gestión política de un gobierno que sepa dirigir esta gran orquesta que se llama España? Creo que para dar respuestas a estas preguntas la primera medida es curarnos de la afasia. Interesante artículo Alfonso

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