La derrota de Hillary Clinton, o cómo darle la vuelta a una apuesta segura

Jamás pensé que alguien como Donald Trump podría llegar a convertirse en el presidente de los Estados Unidos. Bueno, tal vez lo sospechara un poco. Al final, con los ecos del Brexit y la fragilidad de las encuestas; pero nunca creí capaces a los norteamericanos de nombrar presidente a alguien como él. Qué se le va a hacer, hay países a los que les gusta apostar a lo grande y que tienen cierta predilección por el rojo. La ruleta política es así de arriesgada.

Por mi parte, yo daba como ganadora a Hillary Clinton. En cierto sentido lo hacía porque sí, como un acto de negación ante la posibilidad de que Trump alcanzase el poder, al igual que debió de ocurrir en alguno de los Swing States en los que ganó la candidata demócrata. Apoyaba a Clinton porque no había nadie mejor en la carrera presidencial, supongo. Y mientras lo hacía, preparaba un artículo dedicado a su victoria electoral: entrevistas, fechas, logros que he tenido que reconducir o desechar a tenor de los resultados.

El artículo en cuestión hubiese empezado con una frase del cineasta Michael Moore, que en 1996 escribió un libro titulado Downsize This! Random Threats from an Unarmed American y que incluía un capítulo dedicado a su amor prohibido por la que en aquel entonces era la Primera Dama de los Estados Unidos. La idea se contextualizaba dentro de la primera campaña presidencial de su marido, Bill Clinton, y venía a decir que, desafortunadamente, al no concurrir ella como candidata, lo que tendrían que hacer muchos demócratas como él sería conformarse con votar a su esposo. Decía que ya llegarían tiempos mejores, pero que por el momento el mundo aún no estaba preparado para Hillary. Sigue leyendo