Rafael Alberti siempre estuvo ahí

(Texto original publicado en Esquire)

Cuando llegas a una edad determinada, escapar de los problemas se vuelve insoportable. Da igual lo pequeños que sean o la fuerza de voluntad que hayas reunido, siempre encontrarán la manera de tocarte las narices. Parece, incluso, que la única solución sea afrontarlos, porque sabes que son duros de roer y a ti se te está cayendo la dentadura; pero, al mismo tiempo, quieres mandarlo todo al infierno y reírte entre silbidos. En realidad, huir de los problemas es el problema más importante de nuestra época. No por la cobardía y la falta de heroísmo que supone, sino por la vergüenza y los conflictos que genera. Al fin y al cabo, las calamidades nunca llegan solas, y evitarlas del todo se está volviendo inabarcable.

El destino no se puede cambiar. Si esquivas un contratiempo ahora, ya se encargará otro de chocar contigo en el futuro. Por ejemplo, si has decidido dejar de beber alcohol para llevar una vida sana, ya se encargarán tus amigos de hacerte lidiar con borrachos durante el resto de la noche. No hay bien que por mal no venga, podríamos decir. Y, si no, deberíamos preguntarle a Rafael Alberti. Sigue leyendo

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