Aunque Iglesias se vista de seda


Lo peor de la sesión parlamentaria del miércoles pasado no fue que Pablo Iglesias decidiese ir al Congreso de los Diputados con una chaqueta americana. Mucho menos que la prenda fuera de Zara, a pesar de los continuos desplantes del vicepresidente segundo hacia Amancio Ortega e Inditex. Lo peor, sin duda, fue dejarse al aire la etiqueta, colgando del bolsillo solapado con muestras de apacible indiferencia y sin el más mínimo rastro de preocupación. Parece ser que sigue habiendo políticos a los que no les importa absolutamente nada la estética, pero, desgraciadamente para ellos, pocas cosas se salvan ya del zoom de los teleobjetivos o del efecto mediático de cualquier elemento discursivo relacionado con la identidad.

Esto no es algo nuevo en política, desde luego. En 1952, por ejemplo, el candidato demócrata para las elecciones presidenciales de Estados Unidos, Adlai Stevenson, en medio de la carrera por los votos del estado de Michigan, acudió a una convención de su partido en pleno Día del Trabajador. Mientras esperaba para leer su discurso, enfrente de un abarrotado centro de congresos, uno de los fotógrafos presentes, Bill Gallagher, se dio cuenta de un ridículo detalle y, como en el caso de Iglesias, decidió ampliar una de las imágenes que había sacado del protagonista con el zoom de su cámara profesional. Lo que descubrió entonces, lejos de la fachada y la primera vista, fue un pequeño agujero en la suela del zapato del candidato progresista, y lo decidió inmortalizar. Cuentan que Stevenson fue consciente en todo momento de la imagen, pero no movió sus pies y dio paso, así, a una de las fotografías políticas más icónicas de la historia. Al día siguiente estaba en todas las portadas y a la gente no le terminaba de encajar, pues poco tenía que ver aquel boquete con la personalidad aristocrática, seria y presumida del político; pero Stevenson supo sacarle partido y decir que, al contrario que Eisenhower, él era el verdadero candidato de «la gente» y de la sobriedad. Pero, a pesar de lograr vender miles de pines, gorras y camisetas con la imagen del zapato y el orificio, no fue capaz de ganar las elecciones. (Artículo completo en Frontera D)

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