Periodistas afilados, ¡envainad!

El domingo pasado, en su Patente de corso semanal, el periodista y escritor Arturo Pérez-Reverte nos contaba cómo había ido viviendo las distintas fases de la cuarentena, cuyas horas muertas había dedicado muy placenteramente a confinarse con su colección de armas antiguas, sobre las que siente verdadera devoción. Según narra, él mismo habría aprovechado estas semanas para quitarles el polvo, sacarles brillo, empuñarlas, desenvainarlas, conocerlas un poco más; en definitiva, conocerlas un poco mejor. Su favorita en tales circunstancias, curiosamente, ha sido un sable de caballería francés de hoja ancha y empuñadura de estribo al que no ha dejado de atender y observar durante el encierro. Al final de la columna, decía: «Dichoso es, por tanto, quien tiene un sable en casa. No como arma, que eso es lo de menos, sino como compañía, evasión y consuelo». Porque, efectivamente, un sable, si se quiere, puede ser mucho más que un sable.

La historia de Pérez-Reverte, inevitablemente, me llevó a otra historia de armamento y campañas militares que leí hace algunos años. Bueno, quizá no fuera exactamente una historia sobre campañas militares, pero sí, desde luego, una hazaña comparable; en palabras del escritor norteamericano Hank Whittemore, «la aventura de un puñado de inconformistas que han revolucionado el mundo de la televisión», la ‘Historia secreta de la CNN’ (Planeta DeAgostini, 1994). No en vano, entre las páginas que diseccionan los comienzos de la primera cadena televisiva con una programación total y absolutamente destinada a las noticias hay varios aspectos de naturaleza marcial, mucha camaradería y un buen capitán de regimiento. Al fin y al cabo, cuando el empresario estadounidense Ted Turner se embarcó en la «aventura» de montar un canal de información 24h. en EE.UU., no todo fue sencillo. (Artículo completo en Frontera D)