Pedro Sánchez, 2020: su año de descanso y relajación (que no fue)


El presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez Pérez-Castejón (Madrid, 1972), decidió empezar la última semana laborable del año como a todos los españoles nos hubiese gustado: un martes y a dos días de las campanadas, trabajando sobre mojado y hablando de lo que ya hizo, de lo que ya fue, sin perder el tiempo en hacer planes de futuro ni propósitos atragantados que -todos lo sabemos- difícilmente llegarán a ser. Escogió un martes para hacer el balance anual de su primer año al mando del Ejecutivo porque, seguramente, no quería que coincidiese con el Día de los Santos Inocentes; y porque, imagino, en Moncloa tendrán muchas cosas que hacer los días previos a Año Nuevo, como cuando uno empieza a planear sus vacaciones de verano en pleno mes de febrero, ¡o en diciembre mismo!, con el único pretexto de evitar los inconvenientes propios de los últimos momentos, como bien podría ser -ya lo sabemos- el estallido impertinente de una pandemia global.

¿Quién iba a decirle a Pedro Sánchez, precisamente, que este año 2020 iba a ser un año negativo, compungido, difícil? Como la escritora norteamericana Ottessa Moshfegh publicó en su momento, éste debería de haber sido -para él y para todos- Mi año de descanso y relajación (Alfaguara, 2018) y no un Manual de resistencia atribulado. No en balde, y tal y como dijo el presidente en su discurso, hemos vivido «el año de una gran calamidad, de una gran pandemia; pero [también] de una gran resistencia», y no hay mejor publicidad.

Sinceramente, me imagino a Pedro Sánchez hace un año y lo imagino planteando sus políticas escudado en la misma parsimonia con la que la protagonista del libro de Moshfegh -una mujer que no salía de la cama más que para ir a la psiquiatra y comprar tazas y tazas de café- planteaba la realidad: «No puedo culpar a la doctora Tuttle por sus horribles consejos. Al fin y al cabo, yo elegí ser su paciente. Me daba todo lo que le pedía y la apreciaba por eso. Estaba segura de que había otros como ella por ahí, pero la facilidad con la que la había encontrado y el alivio inmediato que me proporcionaron sus recetas me hizo sentir que había descubierto una chamana farmacéutica, una maga, una hechicera, una sabia», un auténtico adalid de la cogobernanza y del Gobierno de coalición. Efectivamente: nosotros, en cierto sentido, elegimos democráticamente ser los pacientes del Dr. Sánchez, y eso ha traído consigo todo lo demás.

Por ejemplo, en la novela de Moshfegh, la doctora Tuttle «explicaba que la forma de aprovechar al máximo la cobertura del seguro era prescribir medicamentos por sus efectos secundarios, mejor que recetar directamente otros cuyos efectos principales fuesen aliviar los síntomas». ¿Y no es esto, acaso, lo que llevamos un año aprendiendo del Gobierno central? Medidas satélite, globos sonda que orbitan alrededor de los problemas pero que nunca los terminan de atajar, como el grueso de las medidas populistas implantadas durante la pandemia que bien podrían resumirse en lo siguiente: nosotros recomendamos, nosotros gastamos titulares; pero quien decide es cada cual, la irresponsabilidad es, en todo momento, individual.

Este martes, sin ir más lejos, Sánchez presentó lo que sin ningún pudor -y con todo el mérito del mundo- calificó como el primer balance auditado del papel anual del Gobierno a lo largo de la historia de la democracia. Dijo, por ejemplo, que de un total de 1.238 compromisos adquiridos se han cumplido ya un 23,4% de los mismos, o que, tras la investidura, se han establecido 92 nuevos objetivos más, con unos «valores distintos» a los que se tuvieron durante la anterior crisis económica y con un carácter firme de excepcionalidad. Hubo balance más allá de los números, sí; pero a lo largo del discurso nos faltó ver en qué medida éste se ha dejado auditar. En palabras del Presidente, algo así supone una rendición de cuentas nunca antes vista por parte del Gobierno de España, y, además, algo necesario que sirve para reafirmar «el valor de la palabra dada». No hubo autocrítica, por tanto; sólo matraca. Una matraca adormecedora que ya cansa, la verdad; como el efecto que tienen algunos sonajeros sobre el sueño interrumpido de una prole hambrienta y enfadada.

Hay un momento concreto en la novela de Moshfegh, de hecho, en que una de sus personajes dice lo siguiente: «Dormir todo el rato no hará que te sientas mejor (…), porque mientras duermes no cambias nada». Nadie niega -y menos yo- que el presidente del Gobierno de España haya estado meses sin dormir, noches enteras comiendo techo y con los ojos como platos apoyado en la almohada. Evidentemente, no ha sido éste su año de descanso y relajación en que gobernó desde la cama; pero tampoco ha estado del todo fino, ni despierto, ni espabilado -como nos hubiese sucedido a los demás-. Ha estado, más bien, en una suerte de limbo constante, en una especie de «paraíso de los sueños cumplidos» que no lo han sido tanto -y mucho menos en abril o en marzo-; y no hubiera estado nada mal que se hubiese acordado de ellos y que, en su discurso, los hubiese mencionado.

Quizá, lo que necesitemos a partir de ahora -y agradeciendo un primer paso- sea un balance autocrítico, y no tanto un balance auditado. Ojalá llegue el 2021 y podamos pegarnos todos, ¡por fin!, nuestro merecido año de relajación y descanso: de la pandemia, de la política, de la polarización general que tanto daño está causando. Sea como sea, entren con buen pie en enero y mantengan el ritmo circadiano vigilado, que aún nos quedan unas cuantas noches en vela. Como mínimo, las últimas noches del año.

Pedro Sánchez haciendo balance -auditado- de su primer año al frente del Gobierno de España.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s