Andrea Abreu: «Intento experimentar con los límites del lenguaje, hacerlo extraño, incómodo, generar un efecto en quien me lee»

Autora de una de las mejores novelas -y de las mayores alegrías- del 2020, Andrea Abreu (Icod de los Vinos, 1995) nos atiende por teléfono desde su casa, convaleciente, con una voz amable, un poco fatigada y, en el fondo, alegre. Acaba de tener un accidente de tráfico del que poco a poco se está recuperando y, a pesar de que todas las partes implicadas en el desarrollo de esta entrevista se encuentran en Tenerife, es mejor no ir a incordiarla y dejarla reposar. Ella está en Icod, como Isora, una de las dos niñas protagonistas de la trama de Panza de burro (Editorial Barrett, 2020); yo, en Santa Cruz, como el primo segundo informático que aparecía en la novela. Sin embargo, ocurre un cambio de planes y parece que se inviertan los papeles: yo comienzo a hablar como si fuera Isora, es decir, curioso, emocionado, impaciente; y ella, como si fuese el primo que tenía todos los juegos de la guenboi descargados en el carrete: dando respuestas envidiables, finas, concretas, resplandecientes. ¡Shit! Si es que tenía toda la razón Carlos Pardo el otro día, cuando escribió en Babelia que en el debut literario de Andrea no se escribe como se habla; pero, de verdad, hablar con ella es igual de emocionante que disfrutar de lo que escribe. (Entrevista completa en Revista Popper)