Rafael Alberti siempre estuvo ahí

(Texto original publicado en Esquire)

Cuando llegas a una edad determinada, escapar de los problemas se vuelve insoportable. Da igual lo pequeños que sean o la fuerza de voluntad que hayas reunido, siempre encontrarán la manera de tocarte las narices. Parece, incluso, que la única solución sea afrontarlos, porque sabes que son duros de roer y a ti se te está cayendo la dentadura; pero, al mismo tiempo, quieres mandarlo todo al infierno y reírte entre silbidos. En realidad, huir de los problemas es el problema más importante de nuestra época. No por la cobardía y la falta de heroísmo que supone, sino por la vergüenza y los conflictos que genera. Al fin y al cabo, las calamidades nunca llegan solas, y evitarlas del todo se está volviendo una misión imposible.

El destino no se puede cambiar. Si esquivas un contratiempo ahora, ya se encargará otro de chocar contigo en el futuro. Por ejemplo, si has decidido dejar de beber alcohol para llevar una vida sana, ya se encargarán tus amigos de hacerte lidiar con borrachos durante toda la noche. No hay bien que por mal no venga, podríamos decir. Y, si no, deberíamos preguntarle a Rafael Alberti. Sigue leyendo

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Walt Whitman, el poeta que odiaba los gimnasios

(Texto original publicado en Esquire)

¿Quién dijo que a un poeta no se le daría bien escribir sobre cuidados masculinos? Porque, hasta donde yo sé, nadie en el mundo podría hacerlo mejor. Es verdad que poco se parece un soneto a una crema facial, pero como escribió Roberto Bolaño en Los detectives salvajes, “hay momentos para recitar poesías y hay momentos para boxear”. Y, si el cuerpo se constituyó desde el principio como uno de los mejores temas del artista, habrá siempre un buen motivo para depositar en ellos nuestra confianza.

Algo así es lo que debieron pensar en The New York Atlas cuando ficharon a Walt Whitman para que escribiese una serie de artículos sobre salud masculina y entrenamiento personal en 1858. Habían pasado ya dos años desde la publicación de su poemario más conocido, Hojas de Hierba, y el autor norteamericano se sentía preparado para abordar los tópicos más recurrentes del imaginario colectivo. Lo haría bajo el pseudónimo de Mose Velsor, que sonaba más varonil, y en sus columnas trataría temas tan interesantes como el sexo, el deporte o el alcohol. Sigue leyendo

El cine que salvó a Sartre

(Texto original publicado en Esquire)

A todos nos corresponde un lugar en el mundo. Un sitio al que acudir cuando nos hayan prohibido el resto, donde las luces se apaguen y no nos lleve demasiado tiempo reencontrarnos. Da igual el que sea, en realidad, siempre que cumpla con los requisitos más profundos del ser humano y consiga hacernos felices; pero es inevitable que, de entre todas las posibilidades, solo podamos quedarnos con una.

Decía el poeta Rainer María Rilke que la verdadera patria del hombre está en la infancia. Es en ella donde aparecen las primeras pasiones, los primeros intereses, las tempranas aficiones que nos encaminarán hacia el futuro. Es en la infancia, a su vez, donde amanece la vocación y el talento de algunos, como fue el caso del propio Rilke, que siempre creyó que su destino sería escribir una gran obra; o el caso del pintor Rafael, que desde pequeño se sintió tan atraído por los colores que la primera vez que vio al Papa en persona no le hizo el más mínimo caso, pues no podía apartar la vista de sus llamativos ropajes. Como estas, otras historias le sucedieron a otros niños ordinarios que, tras el desempeño de sus no menos ordinarias obligaciones, acabarían convirtiéndose en Bach, en Rousseau o en Molière; y sus experiencias, compiladas bajo el título de L’Enfance des hommes illustres, serían las encargadas de acompañar al jovencísimo Jean-Paul Sartre a través de su juventud. Sigue leyendo

Interrogatorios, o cuando Dashiell Hammett y Carlos Barral acabaron en el banquillo

(Texto original publicado en Esquire)

Pocas cosas sientan peor que una mala pregunta. Esas que se formulan con malicia y doble sentido, que no hacen otra cosa que perjudicar y confundir al que escucha. Esas que tienen la intención de fastidiar, para que nos entendamos, y que surgen en el momento menos oportuno, como cuando te has dado de bruces contra el suelo y a alguien se le ocurre cuestionar si te has hecho daño. A nadie le gustan, en realidad; y, si existen, es por el placer que supone dar una buena respuesta.

Da igual quién seas, la cantidad de series policíacas que hayas podido ver, lo confiado que te creas: siempre va a haber alguien que te saque de tus casillas con una pregunta comprometida, como cuando tu jefe te pide los informes atrasados o tu novia deja caer que pronto será vuestro aniversario. Todos somos vulnerables, hasta Dahiell Hammett, padre de la novela negra norteamericana y antiguo detective privado, que sobre el tema tenía que saber un poquito. Su caso, desde luego, fue curioso. Sigue leyendo

Entrevista al fotoperiodista Pablo Cobos (Audio)

Pablo Cobos Terán (Málaga, 1985) es un fotoperiodista freelance que acaba de regresar de cubrir una de las mayores contiendas de Oriente Medio. Desde principios de año ha estado inmortalizando la ofensiva del Ejercito iraquí en Mosul, que combate contra el Estado Islámico con el fin de recuperar los territorios arrebatados por el mismo. En esta entrevista, realizada conjuntamente por María Vallejo y Alfonso Mareschal, nos cuenta -entre otras cosas- cómo ha sido su experiencia ante el conflicto, la dureza de los ataques de ISIS y las dificultades que entraña volver a casa. Sigue leyendo

La derrota de Hillary Clinton, o cómo darle la vuelta a una apuesta segura

Jamás pensé que alguien como Donald Trump podría llegar a convertirse en el presidente de los Estados Unidos. Bueno, tal vez lo sospechara un poco. Al final, con los ecos del Brexit y la fragilidad de las encuestas; pero nunca creí capaces a los norteamericanos de nombrar presidente a alguien como él. Qué se le va a hacer, hay países a los que les gusta apostar a lo grande y que tienen cierta predilección por el rojo. La ruleta política es así de arriesgada.

Por mi parte, yo daba como ganadora a Hillary Clinton. En cierto sentido lo hacía porque sí, como un acto de negación ante la posibilidad de que Trump alcanzase el poder, al igual que debió de ocurrir en alguno de los Swing States en los que ganó la candidata demócrata. Apoyaba a Clinton porque no había nadie mejor en la carrera presidencial, supongo. Y mientras lo hacía, preparaba un artículo dedicado a su victoria electoral: entrevistas, fechas, logros que he tenido que reconducir o desechar a tenor de los resultados.

El artículo en cuestión hubiese empezado con una frase del cineasta Michael Moore, que en 1996 escribió un libro titulado Downsize This! Random Threats from an Unarmed American y que incluía un capítulo dedicado a su amor prohibido por la que en aquel entonces era la Primera Dama de los Estados Unidos. La idea se contextualizaba dentro de la primera campaña presidencial de su marido, Bill Clinton, y venía a decir que, desafortunadamente, al no concurrir ella como candidata, lo que tendrían que hacer muchos demócratas como él sería conformarse con votar a su esposo. Decía que ya llegarían tiempos mejores, pero que por el momento el mundo aún no estaba preparado para Hillary. Sigue leyendo