Autopsia de un Cambio de carrera

“Recuerdo que cuando dejé la universidad dos mujeres solteras me preguntaron qué es lo que iba a ser, y cuando, audazmente, respondí: “Escritor” se llevaron las manos a la cabeza y una exclamó con reproche: “¡Tú, todo un licenciado en letras!” James Mathew Barrie en su obra biográfica Margaret Ogilvy.

Suelo empezar cada post citando a los autores que conozco. Celebro, como las primeras páginas de algunos libros, sus ocurrencias más vívidas, los sentimientos que un día decidieron disfrazar de literatura. Reseño, opino y, a fin de cuentas, trato de revivir la herencia moral y literaria de aquellos a quienes considero ejemplares; basándome en sus experiencias para intentar aclarar o sostener las mías. En este caso, son varias las que quiero subrayar y varios, a su vez, los escritores protagonistas que hicieron carrera en un mundillo para el que no existe una formación especializada.

La revolución industrial se olvidó de ellos. La división del trabajo y el aumento de la productividad atañía a herreros y a fabricantes de alfileres o de betún, no a artistas como tal. Por otro lado, novelistas como Dickens, que sufrió las duras condiciones del trabajo infantil, nunca llegarían a olvidarla. En su autobiográfico David Copperfield (1849), por ejemplo, reproduce las dificultades de una niñez truncada y proletaria, resarcida, finalmente, cuando logra convertirse en escritor. Sigue leyendo