No quiero llamarlo Carpe Diem

Y cada vez que el narrador intentaba, seca ya la fuente de su inspiración, dejar la narración para el día siguiente, y decía: “El resto para la próxima vez”, las tres, al tiempo, decían: “¡Ya es la próxima vez!” Lewis Carroll, A través de la tarde dorada (fragmento de Alicia en el país de las maravillas)

Porque, tal y como escribió Jonathan Nolan en su relato Memento mori«¿Quién quiere ser uno de esos pobres diablos que viven en la seguridad del futuro? (…) Lo único que importa es el momento. Este preciso momento que se repite un millón de veces». Como el tópico literario, la puntualidad -inscrita en un conjunto de circunstancias mayores- es fundamental; si no, podríamos encontrarnos en la tesitura de no vivir a tiempo, de haber llegado tarde a muchas cosas. Por ejemplo a aquel fin de semana de 1939 en el que Onetti, desesperado y sin tabaco, escribió su primera novela, El pozo; a la Tabaquería de Pessoa, a la Derrota de Rafael Cadenas… Tres obras que encumbran los sueños incumplidos y la vida en torno a ellos. Dos poemas y una historia que valen la pena de sus protagonistas, así como sus enseñanzas y desengaños.

En Derrota, la voz poética, que sufre por más de cuarenta y cinco motivos diferentes, acusa que llega tarde a todo; como el Conejo Blanco de Lewis Carroll, pendiente siempre de su reloj de bolsillo… Pero, «¿no es mejor nunca que tarde?» Como sugería Neruda en su Libro de las preguntas. Sigue leyendo

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Ni la importancia de llamarse Oscar

“El periodismo es ilegible y la literatura no se lee” Oscar Wilde en su obra: El crítico como artista.

El primero es un terreno complicado: Periodismo es tantas cosas hoy en día que ilegible podría adherirse perfectamente a alguna de sus acepciones. Manipulado, negocio, sensacionalista, irresponsable… también podrían contribuir a una desconfiada interpretación de la profesión. El periodista, que a su vez es muchas otras cosas, también hace desconfiar y, si realmente tiene madera, desconfía.

Las fuentes: incoherentes y tendenciosas, se parecen cada vez más a la declaración de bienes de un diputado; la línea editorial es rígida como una frontera, y las ideologías que esta separa hacen la guerra entre las secciones de política, economía y opinión; aunque todo se decida en los deportes, y se olvide con el Corazón. Así es el periodismo que no se deja leer. Y así es como los medios especulan con la información y comunican según intereses privados, involucionando conscientemente hacia lo que G. Orwell denominaba “Relaciones Públicas”. Sigue leyendo

Una Biblioteca sin letras

¿Pueden imaginársela? Borges, por ejemplo, -y para quien desee tenerlo en cuenta- no lo consiguió. En uno de sus cuentos, “La biblioteca de Babel”, presentaba el universo como un conjunto infinito de libros escritos, a su vez, a partir de infinitas posibilidades combinatorias. Un lugar donde los resultados, por tanto, se mostraban ilimitados: sinsentidos y obras maestras aparecían con la misma frecuencia y las mismas oportunidades, pues bastaba con que un libro fuera posible, para que existiera. No obstante, en ese universo (que otros llaman Biblioteca) no había ningún libro que apareciera en blanco, no habían páginas ni renglones a los que le faltaran letras. El Orden, que procedía de un desorden periódico, era perfecto.

El autor argentino pretendía de este modo hablar alegóricamente de la suerte, del azar que rige el cosmos, la vida; no de bibliotecas tal y como las conocemos y disfrutamos. En este sentido, los archivos literarios (entendidos en todas sus variables) también cumplen un papel de gran importancia en el universo, y su protección -particularmente jurídica- es necesaria y urgente en aquellos de naturaleza pública. Sigue leyendo