Cataluña ‘Tinder Plus’

Al proceso soberanista catalán le ha ocurrido como a Tinder. Del básico y trivial razonamiento sentimental de sus inicios ya no queda nada, y ahora sus partidarios sólo son capaces de disfrutar del amor –al catalán autóctono, a la lengua o a la nacionalidad- si éste se encuentra plagado de mentiras, lascivia y obscenidades. Malditas sean las apps para ligar, cómo nos han lavado la cabeza. Pero que tampoco cunda el pánico: que hasta Tinder se les ha quedado corto a los catalanes y necesitan encontrar una mejora. ¿Se contentarían, quizá, con Tinder Plus? ¿O con Tinder Gold?

En el número de febrero de la revista Letras Libres, dedicado al amor y a sus nuevas manifestaciones culturales, el ensayista y periodista Ricardo Dudda colaba un texto que, a priori, poco tenía que ver con el asunto central de la publicación. A fin de cuentas, tratar Las mentiras del catalanismocuando también has hablado, páginas atrás, de relaciones interpersonales y sentimentalismo virtual parece descontextualizado; pero, de nuevo, nos equivocamos. No en balde, todas son historias del querer, aunque luego -es verdad- cada una se entienda a su manera. En este caso, el artículo de Dudda vertebraba una crítica rotunda contra el libro ‘Ensayo general de una revuelta: las claves del proceso catalán’ (Galaxia Gutenberg, 2019), del también periodista Francesc-Marc Álvaro. Y, de entre todas las alusiones referidas, me quedé con esta definición institucional de la Cataluña soñada: «una República posnacional basada en la democracia avanzada y la justicia social, en la que cada uno podrá sentir la identidad que quiera y aspirar a una vida mejor». Efectivamente, los catalanes independentistas, así, y con Tinder Plus, estarían satisfechos. Sigue leyendo

‘Toy Story 4’: los juguetes en la época de su reproductibilidad técnica

En la última temporada de My Next Guest Needs No Introduction (No necesitan presentación), el periodista norteamericano David Letterman entrevistó al rapero Kanye West y le preguntó, entre otras muchas cosas, por sus recuerdos familiares. Concretamente, Letterman quería saber si el artista seguía teniendo presente el ejemplo de su madre, fallecida en 2007, en el transcurso de su vida cotidiana; y este, además de confirmarlo, aprovechó su respuesta para darle a todo el mundo una lección.

«Ahora mismo sería el momento más feliz de su vida. Con todos los niños corriendo por la casa, y teniendo la oportunidad de comprarles juguetes», comenzó diciendo West. «Recuerdo que mi madre, en su momento, me regaló un oso multicolor. Por aquel entonces, yo estaba muy obsesionado con Takashi Murakami. Coincidió con la grabación de mi tercer álbum, Graduation. Y, cuando me lo compró, me dijo: se parece mucho a lo que hace Murakami, ¿verdad? Pero yo me enfadé y le dije que no lo quería; que no tenía nada que ver. Entonces falleció. Fue un par de semanas después; y lo que hice, inmediatamente, fue poner patas arriba la casa y encontrar ese oso. Y, luego, ponerlo en lo alto de mi colección». Para el que no lo sepa, Murakami es uno de los artistas contemporáneos más importantes del mundo; y, aparte de la emotividad de la anécdota, lo que Kanye trata de enseñarnos es que -a veces- hasta el arte moderno y los juguetes se pueden llegar a confundir. Sigue leyendo

Filosofía aplicada: Por qué Pablo Iglesias tendría que haberle regalado al rey la colección de “Star Wars” y no la de “Juego de Tronos”

El buen cine siempre tiene un tufillo a filosofía. La evidencia es clara si pensamos en las históricas películas de Stanley Kubrick, Francis Ford Coppola o Christopher Nolan; pero sobre todas ellas existe una saga que conforma uno de los mejores manifiestos ideológicos de la gran pantalla: las seis entregas de Star Wars, que transcurren a lo largo de dos ciclos diferentes (las tres películas originarias se rodaron entre 1977 y 1983, y las tres que constituyen la precuela entre 1999 y 2005), suponen la evolución constante de una doctrina propia que abarca desde las teorías de Rousseau hasta las de Kant, pasando por el anarquismo, las ideas liberales y el capitalismo; así como por las ventajas y desventajas de los sistemas parlamentarios, la libertad y la democracia. Sobre el tema hay escrita una publicación muy interesante titulada La ideología de Star Wars, del profesor Luis García Tojar; y varios artículos relacionados con el fenómeno fan, que nunca dio por buenos los últimos filmes.

El noúmeno fan, si acaso Kant hubiese sido un filósofo del siglo XXI aficionado al cine, sería «aquello que no puede ser reconocido por medio de la intuición sensible» del espectador; y en Star Wars esas eran las habilidades sociológicas de George Lucas, que creó de la nada un complejo imperio galáctico tan ordenado como las Ficciones de Borges. Sigue leyendo