Vamos por pasos

Siempre quise diferenciar los términos problema y problemática, aunque he de reconocer que hay informaciones que incentivan de una manera especial este propósito. Recuerdo particularmente una de eldiario.es, el 21 de junio del año pasado: Podemos y Syriza acuerdan coordinar acciones en el Parlamento Europeo”. Como titular no sorprendió a nadie, como noticia tampoco; pues todos conocemos las afinidades mediterráneas de ambos partidos, coaligados en contra de la troika y sus medidas de austeridad. Sin embargo, lo que despertó mi interés en aquella publicación fueron las sucesivas comparaciones que surgieron entre Grecia y España. Entendiéndolas equivocadas y ahorrándome matices, llegué a la conclusión de que, si bien es verdad que habían ciertos puntos comunes (como bien era la desafección ciudadana, la mala gestión pública, o la deuda); la situación interna de cada Estado era totalmente distinta en cuanto a magnitud, causas y consecuencias. Concluí, por tanto, que la problemática era común, pero que los problemas particulares, sin embargo, eran diferentes.

Hay que recordar que todo esto pasó en 2014, cuando Tsipras no era más que un candidato. Ahora, en 2015, se enfrenta como Primer Ministro a una legislatura complicada, pues ha sido elegido para corregir los errores griegos. Y son errores de una gran trascendencia. Por eso, y tal y como ha dicho recientemente el prestigioso abogado Antonio Garrigues Walker, comparar España con Grecia es “ofensivo”, y considerar que aquí pueda ocurrir lo mismo que en dicho país “no es serio”. Sigue leyendo