Domingueros

Esta semana, por cuestiones que escapan a mi entendimiento y al continuo marco espacio-temporal en que vivimos, el universo decidió confabularse con Santiago Abascal y sus muchachos y hacer que el domingo, después de tantos años, por fin cayese en sábado. Es, de hecho, uno de los pocos detalles electoralistas que han merecido la pena a lo largo de estos días de cuarentena y confinamiento: ver cómo, con el movimiento limitado y los horarios reducidos, podíamos disfrutar de los planes dominicales un día antes de lo previsto; teniendo, así, la jornada siguiente, enterita, reservada para descansar, y no con el calendario marcado, lleno de compromisos. Fue este sábado, por tanto, de los de comer paella de marisco -no hay plato con un colorido más español, por cierto; ni más dominguero-, de los de ir a misa matutina, desayunar churros con chocolate, ver un telefilme barato a las cuatro de la tarde y salir luego a pasear o a dar una pequeña vuelta con el coche.

Ir recuperando los domingos, a pesar de que en domingos -precisamente- es en lo que se han ido convirtiendo el resto de los días de la semana, sería como ir empezando a recuperar lentamente la normalidad. Paso a paso; o semáforo a semáforo, como dirían los líderes de Vox respecto a las manifestaciones automovilísticas del sábado. En ellas, miles de coches colapsaron las carreteras y autovías, con las ventanillas bajadas para asomar de vez en cuando una bandera de España o el dedo corazón, marcando el ritmo del atasco con el claxon o con sus radiocasetes, como hacían los antiguos esclavos romanos con un tambor en las galeras. Porque, para Vox, todos somos esclavos: del sistema, del Gobierno, de la cuarentena; y ahora, incluso, de nuestro propio coche y de sus respectivos sistemas de ventilación, como el dominguero que se marcha al pueblo durante el fin de semana, en verano, y baja los cristales para saludar a su paso a todos los vecinos de la localidad. Sigue leyendo

La raíz de la actualidad: Libertad de expresión (AUDIO)

(Texto original publicado en OnCEULab)

Hoy en día, hay quien cree que la libertad de expresión está pasando por su peor momento; también hay quien afirma que, con la irrupción de las redes sociales e internet, vivimos en una época en la que la libertad -en general- no conoce límites. Sin entrar a valorar ambas posturas, lo único seguro es que el debate está servido, y que se ha visto afectado por los casos más recientes de censura y poscensura; especialmente por el secuestro judicial de Fariña, el libro de Nacho Carretero en el que se analizaba la situación del narcotráfico en Galicia y se criticaba las relaciones que mantenían los poderes públicos con el delito.

Precisamente, con el fin de interpretar el estado de la libertad de expresión en nuestros días, hemos realizado este tercer programa de “La raíz de la actualidad“, en el que examinamos detalladamente este derecho fundamental y lo abordamos desde sus diferentes perspectivas. Para ello, hemos entrevistado al periodista y escritor Juan Soto Ivars, autor del ensayo Arden las redes y experto en poscensura y condena digital; también hemos charlado con Leopoldo Abad, profesor titular de Derecho Constitucional en la Universidad CEU San Pablo de Madrid; y le hemos preguntado a libreros y periodistas sobre cómo se está viviendo el asunto en sus respectivas profesiones. Además, tenemos textos de George Orwell Aldous Huxley, porque parece que, como las cosas sigan así, acabaremos viviendo en un mundo parecido al que describían ellos en sus novelas distópicas. Sea como sea, nosotros te hacemos reflexionar y nos preguntamos: ¿Se encuentra amenazada la libertad de expresión en nuestros días? Sigue leyendo