No quiero llamarlo Carpe Diem

Y cada vez que el narrador intentaba, seca ya la fuente de su inspiración, dejar la narración para el día siguiente, y decía: “El resto para la próxima vez”, las tres, al tiempo, decían: “¡Ya es la próxima vez!” Lewis Carroll, A través de la tarde dorada (fragmento de Alicia en el país de las maravillas)

Porque, tal y como escribió Jonathan Nolan en su relato Memento mori«¿Quién quiere ser uno de esos pobres diablos que viven en la seguridad del futuro? (…) Lo único que importa es el momento. Este preciso momento que se repite un millón de veces». Como el tópico literario, la puntualidad -inscrita en un conjunto de circunstancias mayores- es fundamental; si no, podríamos encontrarnos en la tesitura de no vivir a tiempo, de haber llegado tarde a muchas cosas. Por ejemplo a aquel fin de semana de 1939 en el que Onetti, desesperado y sin tabaco, escribió su primera novela, El pozo; a la Tabaquería de Pessoa, a la Derrota de Rafael Cadenas… Tres obras que encumbran los sueños incumplidos y la vida en torno a ellos. Dos poemas y una historia que valen la pena de sus protagonistas, así como sus enseñanzas y desengaños.

En Derrota, la voz poética, que sufre por más de cuarenta y cinco motivos diferentes, acusa que llega tarde a todo; como el Conejo Blanco de Lewis Carroll, pendiente siempre de su reloj de bolsillo… Pero, «¿no es mejor nunca que tarde?» Como sugería Neruda en su Libro de las preguntas. Sigue leyendo

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