Síndrome de Stendhal

Cómo empezar sin darle el pésame a los madridistas. Ya tiene que ser lo suficientemente duro eso del fútbol como para ver que a tu equipo le caen dos goles en el Camp Nou, aun con el taconazo de Benzema, que vio la jugada de la misma forma en que toda jugada quiere ser vista alguna vez en la vida -como Jay Gatsby observando a Daisy Buchanan en El Gran Gatsby– y que acabó convirtiéndose en el único gol merengue. O, mejor dicho, en el único gol de Cristiano, que no está pasando por su mejor momento. Porque si hay algo seguro es que Cristiano jugaba mucho mejor hace unos meses, cuando estaba con Irina.

Si bien es verdad que no me gusta la prensa deportiva ni la prensa rosa, he de decir que me han sorprendido dos artículos que he leído sobre ella: sobre Irina. Uno, de Carlos Malpartida -del que no sé mucho, y al que no recuerdo cómo descubrí-, y otro de Javier Orrico -que tiene un blog en Periodista Digital-. Los dos son textos delicados y devotos que te hacen ver a la modelo rusa con otro criterio, y te hacen escribir con otras manos. Cuando los lees, crees comprender que la belleza es de tez morena y ojos claros; y que Cristiano lo que realmente está haciendo es pagar por sus errores. Sigue leyendo

Un anillo para gobernarlos a todos (conclusiones sobre Juan Carlos Monedero en el C.M.U. Elias Ahuja)

El anillo de Juan Carlos Monedero es uno de esos elementos casi mitológicos que conforman la nueva política española. Ni las pajaritas de Sosa Wagner ni el pañuelo palestino de Sánchez Gordillo ni las chaquetas de pana que a veces llevan los progresistas nos habían dado nunca tanta información sobre alguien. Un objeto que se yergue en el corazón de la izquierda (dedo y mano, respectivamente) y que manifiesta ciertas similitudes con el discurso de su dueño, cobra protagonismo en cada gesto del politólogo.

La sortija (evitemos llamarlo joya, que eso es cosa de la casta) es hueca, de procedencia desconocida y poco -o nada- brillante. No habrá pagado por ella más que la parte legítima de su precio y antes de adquirirla lo habrá consultado varias veces con su círculo de confianza; pues ya se sabe que hay decisiones que uno no debe tomar solo. Tal vez la compró en Venezuela, o se la regalaron envuelta en viejos periódicos del ’78 o en páginas obsoletas de la Constitución. Si fue así, a lo mejor ese era el regalo y el anillo solo una excusa. Sigue leyendo