Fin de fiesta: crónica de una noche larga antes de salir a pasear

Se lo preguntaron a Leiva en una ocasión: «¿Te fuerzas a vivir cosas sólo para poder contarlas?», y él dijo que no, que ya no hacía eso. «Igual en unos años de mi vida anteriores me adelantaba a la experiencia para tener una canción (…). Pero llega un punto en el que no tengo tantas expectativas», sentenció. Quizá, vivir determinadas situaciones para luego poder contarlas como propias sea una cuestión generacional, algo del pasado, de la juventud, como cuando cantaba con Pereza aquello de: «Bebiendo y bailando, / bailando y bailando, va pasando el tiempo. / No hay nada como las noches de verano. / No hay nada como las ganas que te tengo», donde terminaban dejando claro cuáles eran, y quiénes, sus rincones favoritos de Madrid. Por ahora, esos rincones se han limitado a los espacios más cercanos, a los que se encuentran a menos de un kilómetro de distancia del propio domicilio; pero, poco a poco, volveremos a ir conquistando los demás. Así lo he ido haciendo yo, por ejemplo. Ah, y juro que todo lo que cuento en estas líneas ha ocurrido de verdad, aunque sean cosas que, inevitablemente, me haya forzado a vivir. Sigue leyendo

Un examen de Arte Contemporáneo

El sábado pasado tuve un examen de Arte Contemporáneo al que, muy aplicadamente, decidí llevar: tres bolígrafos azules, siete hojas de apuntes, una botella de Coca-Cola y una botella de ron. Menos los bolígrafos, todo estaba bien guardado en mi mochila: pues ni tenía la intención de emborracharme ni de copiar de mis esquemas ante la mirada incrédula del profesor. No obstante, eran elementos indispensables para luego, que me habían invitado a un cumpleaños en Guadalajara y a cada cual se le había encomendado la tarea de traer consigo el botellón.

No acostumbro a ir por ahí cargando destilados, pero he de admitir que, de entre todos los lugares a los que podría haber llevado uno, hacerlo -precisamente- frente al resto de mis compañeros de clase durante una prueba final dedicada a las vanguardias no me pareció que estuviera -del todo- fuera de lugar. A fin de cuentas, el medio artístico es un medio autorreferencial y autosignificativo, y toda mi performance etílica, lejos de originar un escándalo -que es lo único que me hubiera hecho sacar la botella de ron de la mochila-, hubiese derivado en una interminable lista de comparaciones, influencias y malentendidos. «Qué, has traído un poco de ron para homenajear el alcoholismo de Pollock, ¿verdad?», «no irás a beberte todo eso tú sólo, ¿no? Que luego te va a dar una resaca de muerte, como las que tenía Francis Bacon», «¿Por qué has comprado Negrita? Si es lo peor. ¿Es una referencia a ‘La tertulia del Café de Pombo’, de José Solana?». ¡Qué va! No lo habría soportado. Sigue leyendo